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HOMILÍA DE MONSEÑOR JORGE VEGA, OBISPO DE LA PRELATURA DE ILLAPEL
Prelatura de IllapelHOMILÍA, TE DEUM FIESTAS PATRIAS ILLAPEL - 2012
Monseñor Jorge Patricio Vega Velasco

Apreciados Hermanos en el Señor:
Nuevamente como comunidad Provincial, y en particular como comunidad illapelina, en esta hermosa mañana, nos reunimos en este templo catedral, durante la cual celebramos el ducentésimo segundo aniversario de nuestra independencia nacional, con dos objetivos: agradecer a Dios por tantos bienes que nos ha prodigado durante este año, y además, porque amamos nuestra patria, pedirle al Señor de la vida que ilumine nuestro caminar como nación para que, en medio de los gozos y de las esperanzas, de las tristezas y de las angustias de nuestro tiempo, trabajemos incansablemente para hacer de Chile y en especial de nuestra Provincia del Choapa, la tierra buena donde sean abundantes los frutos de caridad y de justicia, y en donde todos seamos capaces de reconocer en el prójimo una persona a quien amar y servir.
El Evangelio que nos ha salido al encuentro en esta mañana nos hace tomar conciencia que cada cultura tiene un modo de honrar a algunos de sus miembros, de distinguirlos de los demás a través de títulos, vestimentas, puestos o ventajas materiales. En todas las sociedades hay personas que buscan adquirir más honores o influencia. El problema es que algunos lo hacen por todos los medios posibles. La lucha por el poder y las diferentes formas de intrigas - manifiestas o escondidas - existen en todas las sociedades humanas. Incluso los apóstoles no estuvieron del todo exentos de esto.
La enseñanza de Jesús a este respecto es clara e incluso radical. No dice simplemente que se debe gobernar de otro modo y más humanamente. Va más lejos: si alguien quiere ser jefe, deberá ser un servidor, ¡incluso un esclavo! Por lo que durante toda su vida deberá entregar el mejor ejemplo de ello. Ante la visión corriente de un jefe que debe dominar, Jesús opone una visión de servicio. Sin duda no era fácil para los discípulos comprenderlo, y menos aún aceptarlo.
Ejercer la autoridad conforme a lo manifestado por Cristo, significa a veces ir a contracorriente. Ser quizás el blanco de las contradicciones, como lo fue Cristo en su tiempo. Implicará a veces la incomprensión, el rechazo, la soledad y la humillación. «Beberéis mi cáliz», asegura Jesús. Pero con el fin de prepararles a ello, Jesús asegura a sus discípulos que el Espíritu Santo, consolador y apoyo, bajará sobre ellos y permanecerá en ellos.
Por estos días nos encontramos preparándonos para asumir un periodo electoral, donde varios compatriotas, Dios quiera que sea con el único interés de ejercer el servicio público. Se postularán a cargos municipales, y donde nosotros como ciudadanos elegiremos a quienes creemos poseen las condiciones para ejercer esos cargos. Imagino que los candidatos muchas veces se habrán hecho preguntas como estas: ¿Qué es lo que me puede ayudar a asumir esta responsabilidad en la sociedad como un servicio gozoso para los demás?, ¿Qué tentaciones de poder o de honor me amenazan? ¿Cómo puedo vencerlas? ¿Cómo puedo dar ejemplo utilizando de otro modo la autoridad que pretendo asumir? Las respuestas a estas preguntas llegarán en la medida que confrontemos nuestras aspiraciones, con la Palabra de Dios que acabamos de escuchar.
Quien aspira a ser gobernante tampoco pude olvidar aquellas palabras de SS Benedicto XVI a los participantes en unas jornadas de estudio sobre Europa organizadas por el Partido Popular Europeo el año 2006. En esa oportunidad el Santo Padre decía que: “hay principios que no son negociables”. Entre estos, hoy pueden destacarse los siguientes:
 protección de la vida en todas sus etapas, desde el momento de la concepción hasta la muerte natural;
 reconocimiento y promoción de la estructura natural de la familia, como unión entre un hombre y una mujer basada en el matrimonio, y su defensa contra los intentos de equipararla jurídicamente a formas radicalmente diferentes de unión que, en realidad, la dañan y contribuyen a su desestabilización, oscureciendo su carácter particular y su irreemplazable papel social;
 protección del derecho de los padres a educar a sus hijos:
Sospecho que alguno estará pensando que estos principios solo responden a quienes profesan alguna creencia religiosa. Para quienes así piensan el Santo Padre les aclara: "Estos principios no son verdades de fe, aunque reciban de la fe una nueva luz y confirmación. Están inscritos en la misma naturaleza humana y, por tanto, son comunes a toda la humanidad. La acción de la Iglesia en su promoción no es, pues, de carácter confesional, sino que se dirige a todas las personas, prescindiendo de su afiliación religiosa. Al contrario, esta acción es tanto más necesaria cuanto más se niegan o tergiversan estos principios, porque eso constituye una ofensa contra la verdad de la persona humana, una grave herida causada a la justicia misma".
Un signo preocupante que estamos viviendo como comunidad nacional es el descrédito y desconfianza en el que han caído diversas instituciones, entre ellas, nosotros como Iglesia. Esto provoca, con justicia, un descontento creciente en las formas como varias instancias de la comunidad nacional han actuado y están actuando. Esto, que tiene un "rostro" preocupante, devela al mismo tiempo, un valor: para la comunidad nacional, lo que hagan los actores sociales, especialmente a quienes se nos ha confiado una responsabilidad, tiene relevancia. Por ello se nos exige rigor. La inoperancia, la acción poco transparente o la desidia frente a diversos problemas provoca una justa "tormenta" que nos interpela una y otra vez, pareciendo arruinar lo que hemos sembrado.
Como Iglesia, en varias oportunidades hemos pedido perdón por las dolorosas fallas que hemos cometido y que han suscitado esa desconfianza. Pero también hemos manifestado nuestra decidida voluntad de cambio. Para lo cual hemos adoptado medidas, y las seguiremos adoptando con un objetivo: buscar superar nuestras faltas y vivir nuestra misión con renovada fidelidad al Señor.
En este contexto, las movilizaciones son un síntoma que pone al descubierto situaciones aún no resueltas. Estas expresiones populares protagonizadas por diferentes actores sociales nos cuestionan con reivindicaciones, muchas de ellas justas, exigiéndonos acoger sus demandas, empatizar con sus inquietudes, revisar nuestras maneras de proceder. Estos acontecimientos no pueden dejarnos indiferentes. No basta dar respuestas de carácter económico o material; tampoco desconocer las demandas sin un mayor diálogo. Hemos de reconocer que en las expresiones populares antes descritas hay una queja más profunda que tiene que ver con un vacío existencial y con una sociedad que no se ha preocupado de cuidar adecuadamente su tierra. Las movilizaciones sociales han de ser un motivo de reflexión pacífica para que todos nos preguntemos si estamos cuidando bien nuestra tierra, si estamos trabajando por ella, si estamos buscando las bienaventuranzas en los lugares adecuados.
En los últimos años nuestra Provincia del Choapa, ha tenido un auge económico que no podemos esconder. Esto no sólo ha permitido mejorar la infraestructura pública, sino también que quienes habitamos en ella tengamos posibilidades de acceder a mejores condiciones de vida. No somos ingenuos, estamos conscientes que aún queda muchísimo por hacer, sobre todo en el campo de la salud y la educación, en donde lentamente se está avanzando.
Pero el crecimiento económico que ha tenido nuestra Provincia, lamentablemente no ha sido acompañado de un crecimiento humano. Es preocupante la cantidad de suicidios entre nosotros, sobre todo de jóvenes. Esto, unido a enfermedades como la depresión y el stress, son síntomas que algo grave está ocurriendo en nuestra gente, y que tiene como única manera de expresar lo que está sufriendo son estas acciones extremas. Como responsables de la sociedad de hoy, que a su vez estamos poniendo los cimientos del mañana, no podemos dejar de prestar atención a este clamor doloroso de nuestra gente. Es urgente encausar los esfuerzos necesarios para buscar y encontrar las necesarias soluciones antes que sea demasiado tarde para otro joven.
La familia es la institución que quizás más se ha visto muy afectada en este auge económico. Las exigencias laborales de los padres hacen que éstos vivan ausentes del hogar largos periodos, lo que no les permite acompañar el crecimiento y la formación de los hijos. Por lo mismo al interior de ellas existe soledad e incomunicación entre sus miembros. El dialogo entre padres e hijos es reducido. Los mayores, con dolor y angustia perciben que son relegados al último rincón de la casa.
Esta familia también está siendo afectada por otros problemas que la socavan en sus cimientos. Por todos es conocido que desde hace décadas el alcoholismo ha sido un flagelo que ha provocado estragos en el seno de ella. Pero en los últimos años han arribado a nuestra Provincia otros flagelos como son la drogadicción y la prostitución. Todos sabemos que este tipo de flagelos no solo socavan los cimientos de familiares, sino además se hacen acompañar de todo tipo de delincuencia. Lamentablemente a veces da la impresión que quienes deberían preocuparse y tomar las medidas, no lo hacen.
Con preocupación vemos que los cimientos familiares también están siendo carcomidos desde el mismo parlamento de nuestro país. Las leyes que están impulsando muchos de los parlamentarios, solo llevan a que esta institución tan querida y protegida por Dios, hoy esté lentamente siendo destruida por los mismos quienes deberían protegerla. Reconozco que la reciente ley de sobre los feriados obligatorios puede ayudar al encuentro familiar. Por tanto bendigo a quienes tuvieron la idea y el coraje de hacer realidad esta ley. Pero no seamos ingenuos, el sueño de gran parte de los trabajadores, es poder estar cada domingo con los suyos, por lo tanto la reciente ley de los feriados obligatorios será perfecta cuando nuevamente los domingos vuelvan a ser feriados para todos.
Apreciados hijos e hijas en el Señor, las amenazas que en estos tiempos están sufriendo nuestras familias ya no solo son un pecado que clama al cielo, sino es una realidad que las generaciones del futuro nos recriminarán por el daño que nuestras acciones de hoy les provocarán. Cuando uno observa las leyes que últimamente están siendo promulgadas parece que los legisladores no han tenido cuenta aquella célebre frase del filósofo francés Montesquieu: "Una cosa no es justa por el hecho de ser ley. Debe ser ley porque es justa”.
Apreciadas autoridades, hay un popular refrán que dice que "no dejes para mañana lo que debes hacer hoy", apoyados en este refrán es urgente que todos quienes tenemos alguna responsabilidad en la construcción de la sociedad tomemos las medidas necesarias para proteger a la familia y a quienes vienen después de nosotros, los hijos de esta tierra.
Permítanme, apreciados hermanos en el Señor, dirigirme a aquellas personas que están postulando a algún cargo en nuestras comunas, ya sea como Alcaldes o Concejales. Como Obispo quiero decirles que valoro y bendigo profundamente vuestra vocación política y vuestro interés en el servicio público. Imagino que no habrá sido fácil aceptar un desafío como este en sus vidas. Por lo mismo pienso que las palabras que Su Santidad, el Beato Juan Pablo II dirigió a las autoridades de la localidad de Vicenza en Italia el año de 1991, que les pueden ayudar e iluminar en vuestra vocación de Servicio Público. En tal oportunidad el Santo Padre les expresó: "quien está llamado a ocupar cargos públicos y responsabilidades en las sociedades democráticas no debe olvidar nunca que no representa un poder impersonal centralizado, sino a la gente, el conjunto vivo de mujeres y hombres, de niños y ancianos, de sanos y enfermos. De ricos y pobres en que se articula el cuerpo social. De ahí que cuantos desempeñen funciones en la administración pública, en todos los niveles, no deben transigir jamás cuando se trata de los valores. Más todavía están llamados a perseguir con coherencia cristiana el progreso integral de la comunidad civil, "que debe promover a todos los hombres y todo el hombre".
En esta línea podemos dar gracias a Dios, pues nuestro país ha contado a lo largo de su historia con una clase política sana y bien preparada. Si bien ésta es una tradición que todos debemos cuidar, hoy por ser ustedes los continuadores de esa tradición y de esos valores son sus principales guardianes. No podemos negar que la coyuntura que vive nuestra patria, exige de ustedes los políticos, no solo una buena preparación, sino sobre todo que sean sanos, en donde como servidor público prime el valor del servicio al país, sobre cualquier otro interés.
El proceso electoral que de alguna manera estamos ya viviendo lentamente está concitando el interés de la ciudadanía. Por lo mismo, hace pocas semanas me decía una persona ya mayor: "Me gustaría que en la próxima campaña electoral los candidatos se preocupen, no tanto de pelear y descalificarse entre ellos, sino de presentarnos propuestas”. En base al sueño de esta persona, que dicho sea de paso, es el sueño de muchos ciudadanos de nuestra provincia, quiero desde este pulpito invitar a quienes postulan algún cargo, a que en la próxima campaña electoral se caracterice por la presentación de propuestas a la ciudadanía, evitando caer en todo tipo de descalificaciones y vejámenes sobre el adversario.
No puedo terminar estas palabras sin mencionar un triste acontecimiento sucedido hace pocas semanas atrás. Una autoridad quiso acallar a un sacerdote que intentaba intervenir en un conflicto determinado. Lo instaba a hablar solo en el pulpito. Es lamentable que en los tiempos actuales sucedan hechos como estos, pues quien intenta acallar a un sacerdote que actúa en comunión con su Obispo, no solo trata de acallar al sacerdote, sino también al Obispo y en ellos a toda la Iglesia. El servicio que entrega la Iglesia a la humanidad no tiene como objetivo el poder. Lo único que ella busca es anunciar el Evangelio de Jesús. Para quienes tienen la tarea de dirigir las naciones, la Iglesia, apoyada en su Doctrina Social y en su calidad de madre y maestra de la humanidad, les ayuda y les ilumina en esa difícil misión de gobernar.
Por tanto a quienes les corresponderá dirigir los destinos de nuestros municipios en los próximos cuatro años les digo desde este pulpito: cuenten con nuestra cercanía en la compleja misión de gobernar vuestros municipios. Seremos padres, madres y hermanos donde pueden acercarse para buscar las luces necesarias.
Que Cristo, el Señor de la Paz y la Vida, bendiga a cada uno de ustedes. Que María, Madre y Reina de Chile, proteja y bendiga esta tierra, a nuestros mineros, campesinos, y pescadores, a los hombres y mujeres, niños, jóvenes y ancianos en fin a todos los habitantes que residen en esta hermosa Provincia del Choapa.
Así sea.


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01/06/2017 15:31
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18/05/2015 13:25
Apoya a la niña paraguaya en su lucha

18/05/2015 13:25

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04/05/2015 16:24

sumac
03/04/2015 13:33
Critica nos ... escribo del documental . ES una forma de aportar al mejor VALOR de nuestra identidad .TAUCÁN .-
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