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Domingo, 16 de marzo de 2014
columnaEn el cambio de mando, los aplausos para Piñera marcaron unos puntos más que para Bachelet. Lo atribuyo a que la Nueva Mayoría fue más educada que el momiaje y aplaudió al empresario por su calidad de presidente lo que no hizo la derecha con mi gordi que ahora, lamento en decirlo, está hecha una supergordi y con el tiempo le va a pesar. Se lo dice otro supergordi.

El Ministro Larraín le pegó un codazo a Lorenzini a quien los fanáticos de la U llaman Lorenzetti, diciéndole Aplaude pus huevón. Y algo hizo sonar las palmas. En cambio nadie dio codazos para la Bachi por eso ganó el payaso 9-7 a la supergordi.

Antonio Horvath tiene a un jefe de gabinete de lujo que es nada menos que ingeniero en pesca y amigo, vaya vaya, del ministro del Interior Peña y Lillo

Me cuentan que los micrófonos y la atención ese once fue más para Bianchi y Boric que para nadie. Mucho micrófono para ambos aun cuando nadie sabe hacia donde caminan. Ignoro el motivo, pero a Morano lo pescaron poco, pero el se las arregla para aparecer igual.

La Sussi, Andrea Molina hizo algo raro pero nadie supo; ella se defiende que no cambió el
papelito de ubicación en el hemiciclo.


El viernes con los baños tapados e inmundos de la sala de embarque del muelle Prat de la Empresa Portuaria, medio centenar de pasajeros del crucero de turno, esperaban embarcarse en los zodiac que los llevarían a la nave. La mar estaba picada, oleaje tipo malecón de la Habana que según García Márquez en una oportunidad incrustó un automóvil en el ventanal del Habana Rivera. Había esa ansiedad como en los aeropuertos cuando el despegue es incierto. La gente observaba las aguas y andaba media arrepentida de haberse bajado.

En Alitalia les conté, hace como 25 años una señora lloraba en una de las salas de espera del aeropuerto Leonardo da Vinci de Roma. El Jumbo estaba ahí, frente al ventanal, pero ella temía que despegara dejándola en tierra. Un funcionario la consolaba y le mostraba el avión, Ve que esta ahí, No importa, no me fío que me suban. La subieron.

Los de Punta Arenas pudieron partir, pero bailaron de lo lindo una media hora de lo que tardó el trayecto hacia el crucero.

Ahora, tomen en cuenta que el promedio de edad de los pasajeros eran los setenta y cinco años.

Coco Legrand cuando andaba a medio filo como adolescente, perseguía al grupo Los Jaime e insistía en que lo dejaran cantar. Los grupos juveniles o de viejos detestan cuando los enchispados joden para reunirse con ellos en el escenario. Bueno, Coco llegó más lejos como artista que los Jaime que tocaban en Las Brujas, en colegios y gimnasios.

Ya saben el Coco Legrand con Burócratas corruptos realiza su penúltima gira como actor. El próximo año cierra su carrera con su última obra a la que le esta dando los toques finales y luego se retira a los 68 años. Esa es la idea.

En Punta Arenas le fue muy bien, como en el resto del país aunque repite algunos chistes. No tuve como arrancarme para verlo pero nadie me cuidaba a Isidora.

Curioso pero Diego Rivera tuvo su hijo, Dieguito, con la rusa Angelina Beloff, la apodaba Quiela, con quien se portó como un concha de su madre, y éste niño muró de la misma causa que la Malva Marina, Neruda que tuvo con la holandesa María Antonieta Haagenar hidrocefalia. Lo leo en "Querido Diego, te abraza Quiela", un librito extraordinario de un Paris entre dos guerras, con sus miserias (ir a buscar un kilo de carbón a millas de distancia), departamentos y habitaciones húmedas) y la humillación de una mujer enamorada de un charro que ya andaba con Frida Kahlo mientras la rusa espera. Diego tuvo una hija, Marika, con Marievna Voroviev.

Andadan pobres como ratas pero para sanar de sus males, Diego se iba al norte a una cura de ostras. Miren el perla abusador. Y hacía dieta de fresas.

Se lee en esta joyita que me prestó Ruth, que Modigliani era tan glotón aunque sus figuras flacas, que se comía los salchichones que Quiela y Diego compraban en el mercado negro, haciéndose el leso, picando como que no quiere la cosa. Que Jean Gris, era medio negro y no español como el decía. No puedo comprobarlo desde Magallanes.

Los nipones y chinos ya no lo tienen tan chico porque con los nuevos hábitos alimenticios, sin puro alos con palito y camalon, crecen más a lo alto, ancho y la pirula también. "Cosa de mirar" -me dijo un gay que se frotaba contra mi en el baño.

On to the valley of death, rode the six hundred, on to the valley of death, the six hundred went to hell. Pero al hell se fueron los 300 y los millones de espectadores que van a ver esta magia de película hecha con efectos especiales por una computadora de nueva generación. La tal Green esta poniéndose viejona.

Lo irreal, de todo lo irreal que es, significa que un tipo le habla a diez mil soldados parado en una plataforma. ¿Imaginan ustedes que aparte de los que están a su lado alguien escucha algo? Quizás en la época de Esparta ya había un sistema de amplificación. ´

Déjenme hasta ahí nomás.

Se lee en la novelita Una mujer cualquiera de Arthur Miller (no confundir con Henry):
“Tomar lo que se nos ofrece, pedirlo si no se nos ofrece y nunca lamentar nada”. O sea, ni pensar en arrepentimiento.


Janice, la protagonista, esta lejos de ser una cualquiera, pertenece a la elite judía neoyorquina que observa la segunda guerra de una forma singular, pese al holocausto.

En una reflexión del autor casado alguna vez con Marilyn Monroe “Para ella, el que Stalin ni siquiera hubiera tocado a Hitler (alude al pacto que hicieron los dos brutos) era como si Dios hiciera el acto sexual y se tirara pedos”.

En lo otro, cuando su hermano gordiflón comenta en plena crisis de los años 30 “Estoy comprando en Chicago. Puedes comprar la mitad de la ciudad por cuatro perras. Las ciudades están llenas de grandes gangas, podemos poner el diez o el quince por ciento y ser propietarios de un edificio, conseguir hipotecas para arreglarlo, subir las rentas todo lo que queramos y salir ganando el cincuenta por ciento de nuestro dinero”.

La hermana le pregunta: “¿Y que pasa con la gente que vive en esos edificios?”
Respuesta: “Empiezan a pagar un alquiler decente o se van a un piso que puedan permitirse. Así es la economía”.

Un personaje partió con un camión obsequiado por un tío en el norte y lo arrendó a las mineras (debe de haber sido el primer subcontratista de la historia del cobre) con tanta utilidad que al cabo de unos años fue propietario de una flota. El también ganaba dinero en época de crisis. Aludo directamente a Andrónico Luksic Abaroa.

En un almuerzo en casa de Julio Serrano Lamas, ex presidente de la desaparecida Sociedad Periodística del Sur, Luksic admitió que su Lucchetti, acusaba las mejores ganancias en tiempos de crisis. Si antes los porotos era el alimento de la chusma, estos granados ricos en proteínas, superaron en precio por kilo a los fideos y tallarines. De manera tal que la masa, reemplazó a la legumbre y el pueblo en los almacenes y Almac estos últimos administrados entonces por Eduardo Argandoña ( padre de Raquel) vaciaba los escaparates de tallarines y fideos.

Era lo más barato para llenar buches pobres y hambrientos como el milcao y el chapapele en Chiloé y el luche en Penco, Tomé y Tumbes.

Otro señor, ex ejecutivo del Banco de Talca partió a los Estados Unidos a estudiar el uso de las tarjetas de crédito. Volvió para decirle a sus jefes que el país aun no estaba preparado para ellas. Tan inútiles eran, que el mismo se apropió del negocio de las tarjetas. Gracias a ellas, dio forma a su fortuna con un plástico que comenzó con la crisis del 83 y que actualmente tiene endeudado a los chilenos en hasta tres veces lo que son capaces de pagar mes a mes. Una piñericosa nada para la risa.

En la Casa Blanca, el personal tiene exactamente dos horas para desocupar los enseres del mandatario saliente e instalar las del nuevo Jefe de Estado.
En Washington donde es usual la repetición de los espárragos, léase mandatos, los presidentes y sus familias habitan la mansión destinada para ellos, en Chile desde González Videla, nadie más lo ha hecho.

Cuando Patricio Aylwin fue recibido por George H. W. Bush en 1991, los de la delegación periodística nos portamos pésimo. En primer lugar, acariciamos las ardillas del jardín de la parte de atrás de la casa donde esta ubicada la sala donde los presidentes reciben a sus invitados para sus conversaciones bilaterales. Y se hizo pese a la advertencia del personal de que los parientes decentes de los roedores podían estar apestados.

Luego, los tres minutos de acceso para captar imágenes y mirar a los dos presidentes, se convirtieron en seis; camarógrafos y reporteros gráficos poco menos que subieron a los sofá y sacaron muebles del sitio original. La encargada de prensa gritaba como si fuera una miss de colegio británico en estado de histeria: “Out. Out. Out, you have lo leave” Pero no hicimos intención de irnos hasta que literalmente nos echaron.

No imagino a los Bush junior, durmiendo en el mismo lecho de los Clinton, aun cuando es sabido que luego del episodio Levinsky, Hillary lo hizo en otro dormitorio.

Los estilos de las Primeras Damas en Washington D.C. han sido siempre muy opuestos. Una cosa era el sofisticado de Jacqueline Bouvier Kennedy, que dicho sea de paso susurraba más que hablar en voz alta, con el rústico de Pat Nixon.

En Chile, nadie lleva lechos ni pertrechos a La Moneda por cuanto solo hay un dormitorio para la siesta, si es requerida, en el segundo piso.

La doctora no requirió ni diez minutos para instalarse el martes pasado ya que todo es del inventario de la Presidencia. La nueva ocupante lleva eso sí sus cuadros de colección, algunos libros para tener a la vista y a partir de esta semana, poner en algún lugar los souvenirs que le trajeron los invitados al cambio de mando.

La oficina de Cecilia Morel, al costado poniente, donde habitualmente trabajan las esposas de presidentes, queda disponible una vez más, al cabo de cuatro años, para que funcionen cómodamente las directoras de ciertos servicios dependientes de Bachelet. El temido segundo piso donde se teje la nación, opera en amplios salones, con mullidas alfombras, muebles pulcros. Son escasos los visitantes que mantienen su tono de voz, que vierten totalmente las intenciones que los llevaban a la audiencia. En general, el palacio inhibe, comentó en una oportunidad el ex canciller Enrique Silva Cimma: “Como si el peso de la historia y la presencia de un sillón nunca a la vista, se convirtieran en una mochila de tonelada sobre los hombros del visitante”.

En plan de anécdota, creo que lo más irreverente realizado en La Moneda, fue instalar en las rodillas del Presidente Allende a una bailarina pascuense con el Mandatario sentado en el codiciado sillón. Fue con motivo de una visita de una delegación de Rapa Nui y los periodistas sedientos de novedades, improvisamos la escena a la que accedió sin chistar el presidente mártir. La foto apareció publicada en la revista Novedades de Guido Vallejos.

¿Quiénes son los más beneficiados cuando hay cambios en el palacio Toesca?
En primer lugar el proveedor de flores: en este lugar no caben las artificiales y son varios floreros los que lucen sus pétalos siempre frescos.

Doña Leonor Oyarzún detestaba la parte doméstica del cargo de don Patricio; ella feliz con Arturo Medina, la residencia particular. Sin embargo cuando ocurrió el primer desliz en una cena de Estado, la Primera Dama debió apechugar nomás.

Marta Larraechea, disfrutaba sus almuerzos petit comité y eran ricos. Yo fui invitado pero debí responder a tantas preguntas que comí poco para no hablar con la boca llena.

La curicana tuvo eso sí un capricho o antojo irrenunciable: sacar al gato de la Moneda como fuera. El menino, me consta, fue ocultado seis años de la alergia de Larraechea a los felinos.

Cirilo Barraza, casi medio siglo al servicio de los presidentes, contaba que del carnívoro pero sobrio Jorge Alessandri al ansioso de postres preparados de Eduardo Frei, generalmente trató con gente amable, ni tan mandona, como podría pensarse de Pinochet. O peor, de doña Lucía.

Las cenas de honor son preparadas por mucha prolijidad, pero en esta ocasión, tal como ocurriera con casi todos los Jefes de Estado post 1990, solo subsiste el almuerzo en Cerro Castillo; en la noche, rige la velada cultural que en esta oportunidad tuvo nuevamente de escenario el Centro Cultural Mapocho que apadrina tan cariñosamente a Cielos del Infinito.

Ha habido otras en el patio de los naranjos, como cuando vino Bush padre, en la época de Ricardo Lagos. El lugar se hace estrecho e incómodo y cuesta un mundo que la comida llegue caliente al destinatario. Sin embargo, la centolla y el cordero magallánico se han lucido. Los Obama las degustaron con música de Los Jaivas de fondo, también Camilla Parker y el príncipe Carlos en la cena que en su honor brindó Michelle Bachelet.

En el primer piso, donde está la cocina que otorga almuerzo gratuito a los periodistas que cubren las noticias de la casa donde tanto se sufre pero a la cual muchos ambicionan llegar y retornar, habría que ver cuánto stock magallánico hay en su despensa para proveer de estos deliciosos productos a una mujer golosa en la intimidad, pero frugal en público que suele estar atento a su figura, un proyecto de ley llamado dieta, que jamás llega a destino.

Veo que Jorge Pizarro tiene hijos aquí y allá, la Rincón al hermano, muchos Crispi, en fin olor a nepotismo. Volvería Jaime de Aguirre a TVN y eso me alegra pues va a necesitar apoyo este gobierno.

Si José Mujica llega a la presidencia con los pantalones arremangados, ¿por qué joder a Gabriel Boric por su camisa?
Leo en “Los ojos azules pelo negro”, de Marguerite Duras, la vieja seca pal copete internada en campo nazi y golpeada por su madre pero por sobre novelista de lujo: El le pregunta si es prostituta. Ella no se sorprende, tampoco ríe. Dice: En cierto modo, pero no cobro.

La novela corta breve, es muy francesa, vaya la redundancia y la frase me recuerda a Entre tinieblas de Woody Allen: Woody: Yo nunca le he pagado a una mujer. Mia: Eso es lo que crees tu.
Y de paso leo al mismo tiempo “Doce cuentos Peregrinos” de García Márquez, 1992. Buena combinación. Al hijo de Gabo, Rodrigo lo conocí cuando dirigió “Lo que los ojos no dicen”. Traspiraba y bebía whisky en la terraza del palais. Otros tiempos, niños.

Ya pus doctora, a ponerse a dieta como lo hizo su ministra de salud, Helia Molina Millman. O si no, este curso no camina.
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01/06/2017 14:31
Contralor atacado por fiscalizar a Codelco

18/05/2015 12:25
Apoya a la niña paraguaya en su lucha

18/05/2015 12:25

18/05/2015 11:32
Titin Molina se la juega por el 9 http://www.youtub...e=
youtu.be

04/05/2015 15:24

sumac
03/04/2015 13:33
Critica nos ... escribo del documental . ES una forma de aportar al mejor VALOR de nuestra identidad .TAUCÁN .-
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