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DOmingo 16 de noviembre de 2014
columna de Andre JouffeSTEPHANIE DE MONACO Y EL SECUESTRO DE SEBASTIAN EDWARDS


El 9 de septiembre de 1991 fue secuestrado Sebastian Edwards Del Río. Entretelones del plagio tengo muchos, pero bajo juramento ante uno de los autores, jamás podré contar toda la verdad de lo ocurrido o mas bien dicho la trastienda que tuvo en ascuas a los dueños de El Mercurio y al primer gobierno de la Concertación. Esta versión inédita quizás la redacte en otra oportunidad.

En ese tiempo, Stephanie de Mónaco, la hija menor de los Grimaldi había decidido saltar del diseño al canto y con mucha ayuda tecnológica grabó dos DVD, uno de ellos titulado Huracán, una selección de temas con una vocecilla opacada por la orquesta. Un ciclón de malo.

Teníamos proyectado traer a la princesa como una verdadera dama del pequeño enclave monegasco, hija de Grace y Rainiero, una mujer joven, elegante y con charme que iba a cautivar a la socialité nacional con bailes en clubes de la Unión, El Golf o los de moda entonces, más un paso por Zapallar.

Pero el tema del rock fue el pelo en la sopa que inquietó a la directora de la editorial y le hizo pensar que todo el tema de la testa coronada se podía ir al agua con un mal compás roquero. Mas encima si Stephanie tenia fama de rebelde, mascaba chicle, hablaba el inglés a lo norteamericano y tenia de amante un guardia, Daniel Ducruet a quien mas tarde convertiría en padre de su primogénito ante el espanto del pobre Rainiero. Para su fortuna, Grace ya estaba muerta.

Me enviaron a Londres; tres veces estuve a punto de embarcarme en Aerolíneas Argentinas y solo a la cuarta decidieron que fuera a husmear a la capital inglesa, donde residía Stephanie por el acceso a los estudios de grabación. El ambiente de la joven de hombros anchos, carácter tímido y huraño a la vez, dio los primeros indicios.

Dos semanas permanecí en un hotel esperando la llamada de su agente o del entorno de la princesa para concretar la entrevista, condición puesta por nosotros para firmar el contrato de venida.

Finalmente la entrevisté y pude observar el mundo de la mujer en la city. Nada digno dé glamour. Olvidémonos del palacio Cousiño, Cerro Castillo ni club de Gol Los Leones.

Por la noche, me interrogan desde Santiago; “Dinos sinceramente, ¿la traerías? Con el dolor de mi alma, por tanto trabajo invertido, trámites, postergaciones y temor a quedar mal con el otro entorno monegasco que tenia bien pavimentado tuve que decir la verdad: Glamour cero.

Ahora, hubo muchos faxes de por medio, cartas de compromiso y había que ingeniárselas para romper el acuerdo de traer a Stephanie y su grupo a Chile. Eso era lo doloroso, la aspirante al canto insistía que sin roqueros cero viaje.

Y ocurre esto del secuestro de Sebastian Edwards. Sin decir agua va, escribí a los interlocutores monegascos, príncipe Rainiero incluido, que las condiciones en Chile a raíz del plagio del hijo del tycoon de la prensa nacional, no estaban dadas para asegurar el resguardo que merecía su hija.

Como la iniciativa fue propia, sin antes solicitar autorización a la editorial, cosa que era frecuente pues confiaban cien por ciento en mi criterio, tambaleó mi pega, murmuraron. Aquí se trataba no solo de un contrato artístico sino de un problema político, que internacionalizaba la seguridad nacional , en fin. Recibí un llamado, no de la dueña diciéndome: “No te extrañes si mañana estas en la calle”.

No pasó nada. Llegó una carta de Mónaco agradeciendo la deferencia y la advertencia.´
Sin embargo otra revista nacional, a los pocos meses la trajo. La princesa cantó en el Circulo Español, Ducruet en un momento dado perdió el control, y se fue de puñetes con los guardias chilenos; Stephanie lloró, en un momento se la vio sola en el escenario y la velada un fracaso total sin pena ni gloria.

De esta manera, mi pronóstico fue acertado. La visita pasó al olvido en menos de lo que canta un gallo,.Con los años la ya no tan joven Stephanie tendría hijos con otro guardia, con un domador de leones y ahora es una cuarentona de la que nadie sabe nada pues todos los ojos están puestos en su sobrina Carlota Casiraghi, madre soltera que hace lo que se le da la gana, igual como en los tiempos de su madre, Carolina, sorprendida en el Studio 54 de Nueva York con los botones mamarios a la vista de la mano del el ex tenista Guillermo Vilas.

Todo esto apunta para recomendar “Agustín Edwards Eastman, una biografía descalificada”, de Víctor Herrero en el cual aparecen largas páginas dedicadas al secuestro, sin mención monegasca, por supuesto.

Existe una muy buena película del realizador chileno-español Amenábar titulada “Los Otros”, con Nicole Kidman.

En el fondo ellos, una madre y sus dos hijos creen estar vivos, ser los auténticos dueños de una casa siempre a oscuras pero en el fondo, ellos son los tan llamados otros, los muertos.

En vida están también los otros, que se creen y son distintos pero conscientes en la mayoría de los casos de su situación. Salvo los Alzheimer.
En un recinto, conocí a un personaje valdiviano, con residencia de largo tiempo en Loncoche, cuyo temor a la muerte data desde su adolescencia. Por tal motivo ha estado interno en diferentes establecimientos la mitad de su vida. De pronto le bajan ataques de furia y por eso no ha salido de siquiátricas.

Durante todo el día, luego de hacer su cama prolijamente, camina y camina dándole vueltas a su monotema y cumple rigurosamente con la hora de ingesta de sus medicamentos.

A veces ha trabajado, pero el fantasma de cómo lo ha de sorprender la guadaña, lo acosa y trastorna lo cual le ha servido para, laboralmente, no producir nada y solo imaginar como es el paso hacia el mas allá, que imagina en forma de un gigante que lo viene a buscar y otros formatos.

Pero, en la actualidad muchos que he conocido en centros asistenciales, acuden por ataques de pánico o ganas de llorar a mares. Son personas de cuarenta y tantos, no más, temerosas del futuro. Creen que en sus trabajos los van a despedir, que de pronto su capacidad de creación puede coartarse de la noche a la mañana y llegan incluso, y me ha ocurrido personalmente, a no atreverse a abrir el correo electrónico aterrados de encontrar algo negativo. Culmina el proceso con que ni siquiera leen las noticias; se transforman en seres inactivos a la espera de algo que naturalmente sobrevendrá, dentro de mucho, a mediano plazo o pronto.

Le explicaba al señor obsesionado con la muerte, que siempre he pensado que si uno quiere morirse, fallecerá antes de aquel que prefiere sobrevivir. Pero sus argumentos chocaban con un dique, el no quería ni pensar en eso, solo en que consistía morir y que ocurría posteriormente.

Y ahí viene la cuestión, y perdonen un tema dominical tan tétrico; en el caso personal prefiero morir de un viaje y lo he escrito mil veces que a largo plazo enfermo, dependiente e inválido.
Si tuviera la opción incluso en caso de sufrir un grave accidente vascular, pedí a que mi familia le dijera a mi hija chica que fallecí, que me fui a la luna y que desde el satélite, la cuidaré observándola todo el tiempo.
Consuelo ingenuo para una infanta.

Algunos sicólogos sostienen que mi teoría es negativa y errónea, que los niños se adaptan a todo; de ver sus padres activos y luego en silla de ruedas si las circunstancias lo requieren. No son tan lesos como uno los imagina o quisiera que lo fueran.

La bipolaridad nuestra de cada día afecta a ministros y obreros. Unos tienen recursos para sus dosis de litio, los otros para vagar en los pasillos de los asilos. El entorno, los éxitos o fracaso a menudo no tienen nada que ver con esto. El fallecido doctor Jorge Peña y Lillo solía atribuirlo a trastornos distímicos epilépticos. Un cachito de los riachuelos del mate que se desvía y estamos sumergidos en eso. Lamentablemente perdí la fe en este doctor cuando leí que se podía “tratar la homosexualidad” haciendo dormir al paciente al lado de una grabadora que le repitiera toda la noche: no soy gay. Ridículo, ¿verdad?

La vida esta llena de contradicciones, la muerte no porque es única. Un tipo, que conozco de cerca, una tarde de depresión, tomó tres cuchillos de la cocina; uno de esos tipo serrucho made in Brasil para un corte a la altura del hígado, otro un poco más corto para metérselo entre las vértebras y asestar el golpe al corazón y uno mas largo para la tercera estocada si es que le quedaba fuerza, y clavárselo en el pecho. Es este, en caso de haber sobrevivido a los dos otros cuchillazos, el más desagradable pues la persona se ahoga en su propia sangre.

Luego de probar con leves roces a la piel sus estocadas, optó por buscar por otras vías.

Todo esto muy dramático, si, pero recurrente en las conversaciones; en los funcionarios de ciertas empresas importantes que son enviados a tratamiento por este temor que nace precisamente por pensar en ser incapaces de satisfacer las necesidades de una sociedad de consumo que, se esta ahogando en sus propias heces con exigencias tan competitivas y sobredimensionadas.
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01/06/2017 14:31
Contralor atacado por fiscalizar a Codelco

18/05/2015 12:25
Apoya a la niña paraguaya en su lucha

18/05/2015 12:25

18/05/2015 11:32
Titin Molina se la juega por el 9 http://www.youtub...e=
youtu.be

04/05/2015 15:24

sumac
03/04/2015 13:33
Critica nos ... escribo del documental . ES una forma de aportar al mejor VALOR de nuestra identidad .TAUCÁN .-
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