Octubre 23 2017 10:21:43
Navegación
· Portada
· Artículos
· Descargas
· Preguntas Frecuentes
· Foro de Discusión
· Enlaces Web
· Cat. Noticias
· Contactar
· Galería de Fotos
· Buscar
Usuarios Conectados
· Invitados: 1

· Miembros: 0

· Total Miembros: 8
· Último Miembro: lorena
Domingo, 7 de diciembre de 2014
columna de Andre JouffeEL CAÑAVERAL DE ALLENDE Y PAYITA HOY ES CASA DE EVENTOS


CENSURAS EXTRAÑAS

En los años 1971 a 1973 el Cañaveral, una parcela en El Arrayán, sector alto de Santiago, constituía una conjunción de varias cosas: allí coincidían Salvador Allende con Miria Contreras, su pareja extra matrimonial de más larga duración, era lugar de reunión del GAP (Grupo de amigos del Presidente, léase guardia personal), centro de encuentros políticos de la alta dirigencia de la Unidad Popular, dicen que una especie de arsenal lo cual nunca fue comprobado, sede para entrevistas exclusivas como la concedida en este bello lugar junto al río Mapocho a Regis Debray.

En esa oportunidad a Allende, para aparecer como más revolucionario de lo que realmente era ( en lo personal lo veía como un socialdemócrata de avanzada), expresó ideas y propuestas que iban más lejos de la realidad política programada y quedó la escoba misma dando pábulo para que la derecha lo hiciera pebre.

El Cañaveral, se apreciaba desde el exterior como una casa grande y simple, con matas precisamente de aspecto cañaveral; escuchábamos la música de las aguas y de vez en cuando el silencio era interrumpido por el raudo ingreso y salida de los Fiat 125 azules de los GAP. Pero en general el audio provenía del viento entre los eucaliptos, el agua y el misterio.

Entonces era un complejo de tres casas edificadas en los 1940 de características alpinas de unos 300 metros ubicados al lado del Río Mapocho con una vista privilegiada al cauce. La casona cuenta con 32 hectáreas de jardines y cerro con grandes árboles (eucaliptos). Se llega a través de dos vías; la principal en el kilómetro 5 de la carretera a Farellones, mientras que la otra es por un camino secundario, Las Hijuelas, proveniente de la avenida Pastor Fernández.

Poca gente tenía acceso allí. Se tejían los más increíbles comentarios y especulaciones; algunas fantasiosas, otras perversas, otras dignas de terror. Pero la cosa no era tan así.

CAÑAVERAL 2

Luego de que el gobierno militar lo convirtiera en un Hogar de Niños que resultó un fracaso. La propiedad volvió a sus propietarios, en este caso a la hija única de Miria Contreras, Isabel Ropert Contreras, no sin pasar por muchos trámites. La hija de la Payita, dama emparentada con los pintores Pablo y Cuca Burchard. Burchard Engeling era un impresionista de corte intimista. Supo amalgamar esta vena artística familiar con el estilo caribeño casi "naive" adquirido en su larga permanencia en el exilio cubano con el aditamento del paraje natural del entorno de El Arrayán.


Como vivimos tiempos de economías libres, social de mercado o como quieran llamarse pero siempre en desmedro de los necesitados y todo tiene que autofinanciarse, además que museos de la Memoria y de Salvador Allende ya existen, Isabel optó por convertir el misterioso Cañaveral en un maravilloso centro de eventos. De hecho un hijastro contrajo matrimonio allí en octubre y todos coinciden que es paradisiaco.

Nada evoca que ahí convivieron por largas temporadas Salvador Allende y Miria Contreras, ninguna foto, ni siquiera un aire de ese pasado de hace cuarenta y tantos años.

En este centro de eventos magníficos jardines y toldos acogen a los participantes de fiestas, congresos y matrimonios. La casona misma presta sus pisos brillantes a bailes de todos los ritmos, el catering es de primera en fin no quiero aparecer como promoviendo el lugar. En lo personal me atengo a la nostalgia, a como se cuarteaban las miradas hacia el interior apenas abrían los portones. Quien entraba, quien salía. Entre los ocupantes de los Fiat 125 azul marino, Carlos Ominami, Pedro Jesús Jorquera y otros Gap de verdad. El escritor Luis Sepúlveda dice haber sido uno de ellos, pero ninguno de la antigua guardia lo recuerda de manera que lo atribuyo a su extraordinario realismo mágico pues a mi me contó que el once lo había sorprendido en Puente Alto, ciudad al sur de Santiago, entonces sector casi campestre, a cargo de una fábrica deshidratadora de ciruelas.


Tanto en Argentina en como Chile los gobiernos militares aplicaron sistemas de censura similares en algunos aspectos y desconcertantes, en otros.

En nuestro país, hubo escasos libros censurados después de 1976, pues la autoridad consideraba que sólo circulaban en una elite. Otra actitud hubiese sido aplicada de haber existido las redes sociales.

Asimismo el teatro, léase Ictus, produjo obras relativamente contestatarias y el teatro underground de Ramón Griffero y Vicente Ruiz, en los años 80, definitivamente provocadoras y nunca fueron intervenidas. Les informo que, como productor de algunas, que en el antiguo recinto de los jubilados de los trolley cerca de la Estación Mapocho y del barrio de los prostíbulos en San Martín esquina Hurtado de Mendoza, asistían miles de personas a presenciar obras de escenografías originales en el caso de Griffero y de extravagancia y anti sistema en Ruiz.

Es cierto que la CNI quemó una carpa teatral y en 1974 arrestó a toda la compañía Aleph en el ex cine San Antonio. Dos de sus integrantes desaparecieron y casi todos partieron al exilio para renacer en Paris en 1976.

Para ver películas soviéticas, Buenos Aires fue paradisíaco y aprovechábamos los viajes para hartarnos del cine de los señores rusos. Los militares no veían un peligro de subversión en el Séptimo Arte y fueron menos cartuchos que en Chile. Hago un paréntesis: Iván Moreira me confesó paseando en bicicleta por Versalles en 1999, que en su paso por TVN, parte de su tarea era censurar las películas antes de difundirlas por la pantalla chica, especialmente cortar los botones mamarios en las escenas topless. En Argentina exhibían de Woody Allen “Todo lo que deseaba saber de sexo y no se atrevió a preguntar” y “El testaferrero”•

Este film dirigido por Martin Ritt, trata de un cajero de supermercado y corredor de apuestas ocasional, Howard Prince, Allen, sin grandes convicciones políticas, tiene amistad con algunos guionistas de cine y televisión de Nueva York. Uno de ellos, Alfred Miller, se sabe inscrito en una lista negra anticomunista, así que le pide a Howard que adopte la autoría de sus guiones. Howard acepta y se percata de que no sólo ha asumido la autoría de un escritor, si no de varios, lo que empieza a darle beneficios por derechos de autor.

Pero es Howard quien termina en la lista negra debido a sus escritos y a sus amistades y naturalmente es arrestado. Humor negro extraordinario.
A la censura chilena se le coló a comienzos de 1974 una verdadera elegía al marxismo en un film cuyo título no recuerdo y que vi en el cine Cervantes.


En Uruguay, en un almuerzo con Tomás Casella, sindicado como uno de los secuestradores del químico de la Dina, Eugenio Berríos, me enteré que en Montevideo dejaban funcionar teatros “subversivos” más que nada para fichar a los actores y asistentes. Esto, en abril de 1977, ocurrió cuando fui a entrevistar a Aparicio Méndez Manfredini, presidente y a Alejandro Rovira, canciller, de Uruguay y me pusieron a Casella como acompañante. Ignoraba que este joven oficial simpático y amable que me invitó a almorzar a un restaurante suizo era un agente. Lo supe solo cuando me dejó en el entonces pequeño aeropuerto de Carrasco y a los pies de la escalera del avión, se despide con un; “Adiós, subversivo hijo de p…” sin perder la sonrisa. Imagínense el alivio cuando despegamos.

En Santiago el ex cine Dante de la Plaza Nuñoa y el restaurante El Castillo era una especie de caza bobos donde los sapos informaban quienes concurrían a estos lugares frecuentados por opositores a la dictadura.

En 1976, Editorial del Pacífico, de la DC, me publicó Café Voltaire, mi primer libro. Era un homenaje al dadaísmo la antitesis de los predicamentos de la Junta. Fue enviado a un departamento del edificio Diego Portales para la firma que autorizara la circulación, requisito que duró creo que hasta 1978. Un comandante de apellido León, coincidió en un almuerzo conmigo al día siguiente. Bebimos mucho por cuenta de Guido Vallejos y al final, el militar concluye: “Leí el librito, es raro, nada de marxista pero le objeto mucha masturbación”. Esa misma tarde, parece que el licor hizo su efecto, llegó la papeleta permitiendo que saliera este librito que atesoro y que una amiga de esta ciudad, aún no me devuelve.
Comentarios
No se han publicado comentarios.
Enviar Comentario
Debes iniciar sesión para publicar un comentario.
Valoraciones
La valoración sólo está disponible para miembros.

Inicia sesión o regístrate para poder votar.

No se han enviado valoraciones.
Iniciar Sesión
Nombre de Usuario

Contraseña



¿Contraseña olvidada?
Pulsa aquí para obtener una nueva contraseña.
Mini Charla
Debes iniciar sesión para enviar un mensaje.

01/06/2017 14:31
Contralor atacado por fiscalizar a Codelco

18/05/2015 12:25
Apoya a la niña paraguaya en su lucha

18/05/2015 12:25

18/05/2015 11:32
Titin Molina se la juega por el 9 http://www.youtub...e=
youtu.be

04/05/2015 15:24

sumac
03/04/2015 13:33
Critica nos ... escribo del documental . ES una forma de aportar al mejor VALOR de nuestra identidad .TAUCÁN .-
Tiempo de generación: 0.09 segundos 2,371,925 Visitas únicas