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20 de agosto de 2011

columnaVENTI 20 AGOSTO

El viernes, hice mi comentario cultural de la mañana sin que la conductora del programa de noticias me informara.
Cuando me llama William: Oye, ¿no dijiste nada sobre tu amigo Ruiz?
Pensé en otro premio, alguna novedad. Luego supe lo peor y corté.
Fue un viernes negro. Se me vienen tantas cosas a la cabeza que no sé por donde partir. Por eso, trato de aliviar la pena, recordando aspectos graciosos y me da lo mismo si alguna vez los puse en estas columnas.


Desde un punto de vista de la lógica relacionada con la capacidad hepática del ser humano, que Raúl haya fallecido a los setenta años constituye un mérito. Enrique Lihn pasó a otro mundo mucho más joven.

Tímido, introvertido en lo relacionado con su vida personal, se explayaba con gusto y sin límites sobre temas que le apasionaban.

Todo lo grosero y coprolálico que pudo haber sido Roberto Matta, Raúl se erigía en la contraparte de la reserva, la mesura, la ausencia del garabato en su lenguaje, su visión casi monacal del sexo. Esto queda demostrado -igual como en el cine de Woody Allen-, que en su obra que alcanza a 118 largometrajes, jamás muestra un desnudo.

De humor fino e inesperado, solía decir: “Te invito al cine, estaremos solos porque mis películas no las ve nadie”.

Buscábamos un restaurant y de pronto Ruiz dice: “Almorcemos aquí”. Y estamos debajo de un letrero de un local de comida japonesa que se llama “Aki”.

En su manera de alternar con sus actores, se hizo amigo de John Malkovic, Martin Landau y de Catherine Deneuve. Con esta última solía irse de copas al hotel Lutecia, siempre en plano de sana amistad.

Su matrimonio de casi 40 años con la ex alumna suya y directora (montajista de gran parte de sus películas) Valeria Sarmiento, porteña de tomo y lomo, era armónico y las disputas entre ambos, escasas. Por lo menos en público.

Cuando tuvo lugar la cena oficial en el palacio del Eliseo, como motivo de la visita de Estado de Eduardo Frei Ruiz Tagle a Francia, Raúl Ruiz rehusó asistir en un principio: “Se van a reír de mi en este barrio si me ven de smoking (Ruiz tenía uno que usaba para sus frecuentes galas en el festival de cine de Cannes)”. Valeria insistió en ir y yo le amenacé con enviarle un grupo de policías motoristas que rodearan el vehículo si persistía en su obstinación. Finalmente Ruiz fue a la cena y lo único que lamentó fue lo extenso de los discursos que durante el desarrollo inhibía beber los vinos de gran categoría servidos en la ocasión. Mientras, en otra ala de la mesa, Matta clamaba ante estupefactas y muy emperifolladas madame francesas: “Matta cama, Matta pico Matta damas”.

En estas páginas aludimos la relación de Raúl Ruiz con Magallanes; vino siendo adolescente en el barco capitaneado por su padre, financista de su primer largometraje en el que actúa el natalino Luis Alarcón: “Tres tristes tigres”. “El techo de la ballena” cuya acción se desarrolla en Puerto Edén, fue rodado en Rótterdam, Holanda. Otra de las rarezas de Ruiz pero la dictadura de Pinochet y su L en el pasaporte le inhibían concretar la realización en este lugar histórico.

Ruiz jamás perdió su chilenidad, pese a su residencia de 36 años en Francia; lo cual sorprende cuando escuchamos a otros artistas o futbolistas con breve residencia en el exterior, retornar al país con acentos adquiridos.

En el año 2005, dormí siesta en su cama en el departamento Raúl y Valeria en el bulevar de Belleville. A mi lado, un velador con un extraño y de gran formato, instrumental que, deduje en el momento, era para diálisis o algo por el estilo. El año pasado supimos de un trasplante de hígado que funcionó hasta que el cuerpo debilitado cedió a través del pulmón.

La vida de los Ruiz era bastante sencilla. En sus viajes a Chile venia a ver sus padres don Tito, fallecido a comienzos de la década pasada y doña Olga, en el 2009. En Paris eran sagrados los almuerzos dominicales con otra pareja su hijos, el poeta Waldo Rojas con su esposa Eli Godoy (hija del periodista Juan Godoy). Las empanadas eran infaltables y de vez en cuando una torta mil hojas preparada por una chilena que vivía en la periferia de la capital gala.

Hago fe que Ruiz fue absolutamente fiel a su pareja y la única voladura suya fue con Patricia Rivadeneira cuyas locuras lo encandilaron en una película que filmó en Chiloé con la actriz actualmente radicada en Italia. Pero fue algo platónico y Ruiz tenía prohibido mencionar el nombre de quien fuera novia de Marco Enríquez-pre Doggenweiler-, pues temía herir al único amor de su vida. Supongo que Valeria supo de este encandilamiento pero en esta relación de tantas reservas, nada afloró.

En otra oportunidad, supe que Valeria Sarmiento estaba invitada al festival de Biarritz y que Raúl se encontraba en otro país. Como íbamos a coincidir, llamé al departamento y comencé a grabar el mensaje en el contestador: “Qué rico que vayas a Biarritz, te llamaré, vamos a comer y a bailar”. No bien hube pronunciado esta última palabra cuando escucho la voz de Raúl: “Valeria no está, pero puedes llamarla esta noche a las nueve”. Quedé mudo e imagino la sonrisa pícara de Ruiz, de quien supe, era tremendamente celoso aun cuando no lo demostraba.

Pero todos amábamos a Valeria pero nadie se le habría insinuado. ¿Quién hubiese sido capaz de mirarle a los ojos al chilote de Paris?
El propio cineasta contaba que John Hurt de visita al departamento de los Ruiz corría detrás de la Sarmiento cuando ella iba a la cocina.
En 1992 con motivo del Ojo que miente en Cannes, le pregunté a Hurt: ¿Qué le atrae más en Ruiz, su magia, sus películas o Valeria?
-Vaya el aprieto en que me pone-respondió el actor inglés, protagonista de ese film.
No recuerdo su respuesta.

Al realizador no le encantaba ver su obra en público. Incluso en Cannes, apenas de apagaban las luces de la sala, desaparecía con el compositor de casi todas las bandas incidentales de sus films, Jorge Arriagada Cousin. Ambos hacían hora bebiendo unos loros de tinto en Le Petit Casino, situado al frente del Palacio de Congresos. En el interior, Valeria Sarmiento sufría lo suyo.

Era en Cannes, durante el festival precisamente que con la llegada de Ruiz, alguien inició un grito que se escuchaba al comienzo de todas las funciones: Rauuuuul. Un chileno, fan del puertomontino, lo impuso y esto perduró durante muchos años.

Así, lo que fueron Matta y Bravo en la pintura, desaparece para el Séptimo Arte la figura de Raúl Ruiz, merecedor de los grandes premios de Venecia y Berlín, más otros muy significativos. El Palmar de Cannes le fue esquivo pero es probable, como suele ocurrir en la Costa Azul, que la Palma en honor a la trayectoria, sea otorgada a la viuda en la versión 2012 del acontecimiento cinematográfico.
Me alarma leer esto:
El principal programa de eficiencia operacional de LAN, “Lean en Combustible”, permitirá a la Compañía reducir anualmente el uso de combustible de sus vuelos en un 2%. Este proyecto, establece conductas más eficientes dentro de sus procesos terrestres, tales como: el uso limitado de la Unidad Auxiliar de Potencia (APU, por sus siglas en inglés), la reducción de peso a bordo o el lavado de motores – y de sus procesos de vuelo- como son los vuelos más directos, los descensos continuos o la gestión de combustible utilizando tecnología punta.
O sea, el lavado de motores, si es parte del mantenimiento, ¿van a reducirlo y el avión como si nada?
El descenso continuo, o sea la aproximación, depende de las condiciones climáticas y de tráfico aéreo de manera que no depende del piloto y la presión que recae en él para ahorrar combustible me informa un piloto de la empresa.
Por otra parte la APU de un avión es relativamente pequeña y consiste en un generador eléctrico que se suele emplear para arrancar los motores, proporcionar electricidad, presión hidráulica y aire acondicionado mientras el avión está en tierra. En muchos aparatos también se utiliza para suministrar energía en vuelo.
Aunque las APU se montan en diferentes lugares de los aviones tanto civiles como militares, normalmente se sitúan en la cola de los reactores comerciales modernos. La salida de gases puede verse en la mayoría de los aviones comerciales modernos como un pequeño tubo saliente en la cola.
Conforme, pero llevémoslo a lo práctico. El avión está en losa. Usted al interior espera que se enciendan los motores que por a, b o c motivos el comandante no pone en marcha. Puede ser que haya problemas en la pista, el informe meteorológico dudoso, o que haya atraso por atochamiento en el cabezal de la pista. “Hace calor, ¿no?” Claro, y lo va a hacer más sin el APU.
Lo mismo cuando hay tardanza con la manga que no llega, o el terminal aun no administra la salida del vuelo previo y entonces estamos todos sentaditos o de pie, ansiosos e inquietos por salir de una vez por todas del aparato y resulta que ahora cortarán el aire acondicionado que provee el APU y si es de noche, ¿permaneceremos a oscuras?
Hubo una época en la que la Ministro de Justicia Mónica Madariaga reclamó por la calidad del vuelo de la desaparecida LADECO. Lo que la exasperó más, sumado a su temor a volar y al parecer aumentado por las turbulencias abundantes, fueron las explicaciones de la tripulación, entonces por la crisis del petróleo, los aparatos no alcanzaban la altura máxima lo que los exponía a las turbulencias. Todo en aras del ahorro.
Cuando Guy Burgos vino a Chile en los años ochenta, Mónica se burló de la homosexualidad del chileno jetstetero. ¡Con qué cara!

El empresario, antiguo dueño de una gran parrillada santiaguina y de otros negocios como bares de mala muerte y abastecimiento de peores tintos a los cargadores del Mercado Centra, me ubica en Punta Arenas y el ofrecimiento de escribir un libro sobre su vida, firmado por él, naturalmente, resulta tentador y viajo por un mes a Santiago..
Detrás de la fachada comercial, el personaje resultó a través de su relato, ser un espía español que valiéndose de su pasaporte europeo, recorrió de sur a norte el Perú, con destino final Guayaquil, Ecuador, solo para recoger información y entregársela hace tres décadas, al ejército chileno.
El contratante me pide imprimir cuarenta ejemplares, solo para su entorno familiar y amigos muy íntimos, como un legado de vida. Pese al argumento que una imprenta cobra por cuarenta igual que quinientas unidades, el gallego enfatiza que su único interés es el círculo cercano y punto.
En mi existencia he escrito varios libros para terceros, pero este fue el más singular.
Otro, ocurrió con el paparazzi chileno radicado ahora en México, antes en Miami, Ángel Mora Fuenzalida. Autor de golpes periodísticos como Cecilia Bolocco desnuda, Enrique Iglesias y sus amantes, Luis Miguel en las mismas y la lista es tan larga como las persecuciones de las que fue objeto al ser sorprendido en acción. Pero Ángel quiso llevar a papel su vida y me contrató para tales efectos en el año 2002, pasaje a Miami incluido.
Paseamos por los parques donde sorprendió a Madonna con su amante cubana en un ósculo que captó con su cámara escondida en la frondosa cabellera de su esposa brasilera Malú; me llevó al árbol donde estuvo fondeado tres días a punta de emparedados de queso y agua esperando el momento oportuno para fotografiar al Rambo (o Rocky) Sylvester Stallone cuya casa era visible desde el escondite y la forma como operaba para recibir datos.
Mora, nacido en Pinto, cerca de Chillán, portaba siempre un fajo de billetes de 5 y 10 dólares con los cuales aceitaba a los conserjes que le informaban d e las entradas y salidas de los habitantes de los edificios o condominios.
Me tocó hacer una espera de un día entero con Ángel a su manera, premunido de una botella de agua para beber, la otra para evacuar.
Encender el aire acondicionado del vehículo estaba prohibido porque el ruido del motor podía delatar la presencia. De pronto, después de horas muy tediosas cuando ya no hay cuento nuevo que inventar, Mora salta como una pantera y a través de los vidrios oscuros de su furgón, capta a Lucero, el objetivo de la espera. Viene de compras, acompañada de su madre y la foto, una vez revelada, la muestra en estado de gravidez. Golpe periodístico.
Al día siguiente una revista mexicana le paga cinco mil dólares por la gracia.
Regresé a Chile, escribí “Memorias de un paparazzi en Miami”, Mora que me había cancelado el 50% del trabajo antes de iniciarlo, depositó el saldo. Todo bien, salvo un detalle: Mora tiene el libro en su armario, no lo ha publicado y espera. Una cláusula me prohíbe hacerlo, de manera que tengo copia del tesoro, que con los años va a ir pasando de moda. ¡Qué lata!
Héctor Soto, Gonzalo Contreras, Pablo Simonetti son periodistas o escritores que frecuentemente incursionan en lo que en Estados Unidos se denomina “Ghost Writers”. Soto, entre otras, escribió “La travesía del desierto” de Andrés Allamand y la biografía del empresario Daniel Platovsky.
En Punta Arenas, un embalsamador cuyo recinto fue recientemente visitado por las autoridades que protegen a las especies por encontrarse en plena faena de taquidermia de un puma, quiso que escribiera su vida pero a su vez, pagarme con el producto de la venta del libro sobre su vida. En un mercado tan reducido como el de Magallanes, difícilmente habría salvado los costos de producción.
Sin embargo, hay mucha gente con algo que decir, ya sea un legado de contribución a la comunidad a través de obras, puede que simplemente el deseo de compartir sus vivencias o alimentar su egocentrismo. Estas deben ser entregadas al lector potencial de manera entretenido, de lo contrario corre el riesgo de ser tan aburrido y tedioso como un manido discurso político.

Quién duda que las palabras de Ana Belén dirigidas al limítrofe Negro Piñera son verdad. Quizás ella también jaló coquita con él, difícil evitarlo si se convive con un adicto. Imagino que representantes de la familia (léase abogados o men in black) la habrán visitado en Buenos Aires para que muera en la rueda y no siga hablando especialmente del tema de evasión de impuestos. Hay antecedentes, lean esto aparecido en La Cuarta en el 2006:
Hasta penas de cana arriesgaría el rey del trasnoche, Miguel "Negro" Piñera, luego de ser denunciado por evasión de impuestos mientras funcionó el pub "EntreNegros", donde compartía sociedad con su ex compipa Miguelo.
Aunque hasta ahora el papurri se había salvado jabonado y no había puesto ni un peso para pagar las deudas del local de Avenida Suecia, se entregaron las pruebas en el tribunal que acreditan que formaba parte de la sociedad.
Trascendió también que el hombre de la boina y su socio emitían boletas sin timbrar, pasando piola por un buen tiempo.
Esto generó además una inmediata solicitud para que el Servicio de Impuestos Internos se haga parte en la causa que instruye el 23 Juzgado del Crimen de Santiago por apropiación indebida y no pago de imposiciones en la causa rol 3088-2003.
Me llama un periodista de Publimetro que vendrá a Magallanes a fines de año y que se firma von Europa, o sea de Europa. Con ese nombre me parece imposible sustraerme a la tentación de no mencionarlo y le voy a prestar toda la ayuda que requiera aunque dice no necesitarla.
Recuerdo que quedé finalista en la selección para dirigir ese diario allá por el 2004, creo. Entonces cuando se iba a cortar el queque, le pregunto al representante extranjero de la publicación que pese al secreto de la selección hay un solo periodista que podía hacerme la competencia-no porque me crea la muerte sino que el proyecto calzaba cien por ciento con mi forma de ver el periodismo. Me dice que no puede responderme, entonces yo mismo le digo Matias Carvajal. Positivo.
En el campo de marketing Matías da y me da cancha tiro y lado, y demostró algo en estos años que yo sería incapaz de hacer en el campo de la publicidad.
Pilar se llama la enfermera de la farmacia donde gentilmente me pinchan en este retorno de los ataques de gota. Cuando me inyecta del diclofenaco a veces me duele tanto que estoy a punto de preguntarle: ¡Le gustaría que yo la clavase a usted como usted lo hace conmigo?


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