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17de marzo de 2012

columnaLeo Colores Primarios de Anónimo, un periodista-escritor norteamericano. Todos los trucos de los políticos al descubierto. Entretenido.
Y de pronto me pregunto, ¿Qué hago siguiendo al Athletic si hasta el año pasado ni siquiera seguía la vida de esos vascos? Apenas el Barça o el Real, pero de pronto Bielsa y uno se pega a la televisión a ver los partidos de un team ajeno totalmente a uno, explicable si uno fuese hijo de euzkadis. Eso es señores lo inexplicable de cuando uno es hincha de algo, por eso existen los de Ñublense, hubo los de Iberia como yo; nunca ganamos nada pero esta en el corazón. Ahora vibramos con Athletic como sise tratara de lo más trascedente.
Pero igual grande Bielsa, me cae mejor que el ingeniero, quizás porque es menos momio.
Bilbao me pareció una ciudad gris, decorada por ese maravilloso museo Guggenheim, una visita obligada e jornada completa, a lo menos. Además se come bien en la cafetería-restaurante del Museo.

A comienzos de 1973 un amigo mío, de derechas temió perder su pega en la Cancillería. Alejandro Carvajal, que fue embajador hasta unos pocos años, lo inscribió en el Mapu. A fines de ese mismo 1973, Jorge andaba como loco por los pasillos del ministerio explicando algo así como cuando la persona es sorprendida in fraganti: No es lo que tu te imaginas.

Dicen que como fue ex cadete naval, Cubillos y otros explicaron la situación a los superiores y el hombre pese a algunos problemas-la mala suerte de ser asignado a la Filipinas de Marcos justo antes del célebre viaje frustrado de Pinochet-, fue subiendo poco a poco. Cuando le correspondía ser Ministro Consejero, llega la alegría que viene. La Concerta le hizo la vida algo difícil a Jorge hasta que el gordo Insulza lo protegió. Fue Embajador y ahora esta jubilado y quizás ejerce su profesión de abogado, carrera que sacó mientras estaba en el Minrel.

Las volteretas políticas de la vida.

Nada más sórdido que las jornadas después del desastre.
Lo estamos viendo en la capital de Magallanes, donde un baño color chocolate, pinta calles, muros, acequias y socavones dignos de “La guerra de los mundos”.

Existe una reacción curiosa, vinculada al estado nervioso de la gente; frente a sus viviendas en el suelo o negocios anegados de lodo, sonríen ante las cámaras en vez de llorar a gritos.

Cuando me iniciaba en el periodismo, luego de una marejada violenta que azotó el litoral central en 1968, fui enviado a cubrir los daños en el borde costero entre Valparaíso y el balneario de Con Con. En el trayecto pasé frente al desplomado restaurante “Edelweiss” que ya reconstruido pasaría a ser favorito de Pinochet. El propietario posó de pie sobre las planchas de zinc del tejado en el suelo y su rostro con una sonrisa de oreja a oreja, reflejaba alegría como si celebraba el tijeral. Imagino que su cabeza crujía de puro pensar de dónde sacar dinero para levantar lo que botó una inmensa ola.

En julio de 1979, cae Somoza en Nicaragua y llego a esa especie de corral de fundo llamado Managua. Si bien el aspecto era desolador, tampoco puede calificarse de horrible. Unos viejos guerrilleros casi sesentones provenientes de diferentes latitudes, incluida la nuestra, reposaban con los pies encima de la mesa del hotel Internacional, metralleta en el suelo y cerveza en la diestra. Por la noche, unos tiros huachos, quizás disparados por algún somocista obstinado o uno de la guardia civil para intimidar a los roedores humanos de la oscuridad. Observaba ese extraño silencio desde la habitación del hotel mientras en el lobby el periodista Jack Anderson del Washington Post, dictaba cátedra. Luego fui a curiosear por el barrio y terminé en un prostíbulo cuyas meretrices discutían si la revolución podía favorecerlas o remitirlas a la cosecha.

En septiembre de 1982, la matanza de libaneses cristianos coludidos con fuerzas israelíes de Ariel Sharon, dan curso a la tristemente célebre matanza de Sabra y Shatila. Este acto salvaje con cientos de muertos entre hombres, mujeres, ancianos y niños, inspiró la condena mundial, a través de discursos e himnos. Me tocó recorrer el sector junto a periodistas australianos. De algún rincón de muro en ruinas, un quejido; podía ser humano o felino. Los campamentos palestinos, destrozados y sus habitantes, muertos o gravemente heridos, componían una visual espeluznante.

El terremoto que azotó la zona central chilena el tres de marzo de 1985, dejó parte de Valparaíso por los suelos. El emergente adobe, panaceas de la construcción moderna y parienta del ecosistema, resultó un desastre frente a los remezones. Recorro Valparaíso y de la catedral se observa al Cristo que mira las consecuencias del cataclismo.

Mi inquietud por el periodismo, nace precisamente el 22 de mayo de 1960 con el tsunami que sube desde el mar por el río Calle Calle hacia Valdivia; se suma con el desborde del Riñihue y el terremoto. El poeta Omar Lara recién escribía sus primeros versos y Patricio Manns aún no dedicaba su tema “Valdivia en la niebla” a una amada periodista llamada Berta. Me contaba Omar, la desolación cuando viene el repliegue de agua y paulatinamente cesan las réplicas. Es entonces cuando viene the “summing up”, la suma y la resta del costo-daño de la tragedia, y el paisaje se torna más siniestro y sin destino. En el intertanto, en Santiago, recién operado de apendicitis, convaleciente, tomaba apuntes en un cuaderno Colon de 40 hojas, del número de afectados en la zona y los índices del caudal del Riñihue, mientras el ejemplar de la revista Barrabases con Mister Pipa y Cia, ya había perdido todo interés para mí.

Los días después de mañana, son extensivos a situaciones heterogéneas. El miércoles 12 de septiembre de 1973, en un brevísimo paseo entre balaceras por la calle Bandera y Mapocho, buscando refugio en un hotel parejero. Por la noche, el silencio también se apoderó de las calles. Vi una Moneda humean te, ningún ruido, salvo una ráfaga de metralleta proveniente de un tejado.
Otros sufren por una caña mala y desolador es su aspecto como lo que encuentran al paso. El primer día solo en una pieza después de la ruptura matrimonial definitiva, es indescriptible de espantoso y tengo experiencia en la materia (no lo escribo para jactarme y hasta podría llorar al evocarla).

El fin de una causa por la cual luchar, también deja sensaciones ácidas. Jamás olvidaré que después del triunfo del No, llamo o me telefonea la actriz Shlomit Baytelman. Su voz no expresa la alegría ya viene:” Ando media depre”, confiesa. “Y eso que deberíamos estar eufóricos”. “Te comprendo, me pasa lo mismo; se nos acabó la motivación”

Podría suponerse que Teresa Celedón Águila es feminista, pero en realidad está lejos de pertenecer a la casta de mujeres que desfilaba sin ropa interior como manifestación de soberanía de género allá por los años sesenta.
Ocurre que a esta emprendedora cincuentona, atractiva y vehemente, presunta espanta hombres, más que un discurso demagógico, expresa un ideal determinante en la que desprecia los términos “las pobres mujeres”, “pese a ser mujer” y similares.
Fue justamente ese descalificativo hacia la mujer, el que la indujo a permanecer en estas tierras hace más de 30 años, cuando un viaje de trabajo se convirtió en residencia definitiva en Magallanes.
"Vine a Punta Arenas a reparar un buque y leo en un diario que “ella hace lo que ellos pueden hacer”, refiriéndose a mi. De pura picada me quedé por cuanto encontré atrozmente machista esa acepción.
“La gente cree que el emprendimiento es una situación económica. Y no, el emprendimiento es una actitud de vida de quien asume una decisión y la sigue hasta el final.
Considerando que toda actividad que desarrolla el hombre es importante, y la que desarrolla la mujer no suele serlo en un plano generalizado, asumo que es nuestra responsabilidad cambiar esta situación. Las mujeres que quieren participar en este desafío de vida pueden hacerlo. Nosotras nacemos emprendedoras pues damos vida, administramos la existencia desde la casa, donde somos capaces de hacer una sopa con una cebolla”.

Teresa contagia su experiencia: “1500 jóvenes participaron en un proyecto de emprendimiento como una actitud de vida; les entregamos el significado de la experiencia a todos ellos que van a salir de Cuarto Medio. La temática se centraba en que no importara lo que estudien, sea arte, tecnología o informática, lo importante es que su decisión sea la de un emprendedor. Muchos comienzan a trabajar sin el concepto de la responsabilidad del esfuerzo, la constancia y la perseverancia y son finalmente los objeticos que uno tiene en el corazón los que conllevan al camino correcto.

Teresa sostiene que el mejor capital de los empresarios es el capital humano y” lo ideal es que los jóvenes a los 18 años tomen conciencia de sus capacidades pues si parten mal, difícilmente “la carga se arreglará en el camino”
“Consciente de que la educación es cara, pienso que la persona que desea estudiar, siempre podrá. Sin ir más lejos la hija de uno de mis trabajadores, buscó y buscó hasta encontrar una universidad gratuita en Argentina. Y se fue”.

En eso no concuerdo con Teresa; la cosa no es tan papaya como lo pinta, eso de encontrar ues en el exterior, menos aun ahora que la situación ha cambiado.
-Era muy joven cuando en un muelle una cuadrilla de trabajadores me silbó. Me detuve y los encaré: “Ustedes tienen madre, esposa, hijas y hermanas, ¿les gustaría que les silbaran mientras trabajan?
Hasta ahí no más llegaron.

. “Siempre he tenido claro que el zarpe de una nave, depende de la excelencia del servicio que brindo, Una debe asumir este hecho y el no hacerlo desemboca en tragedias como el naufragio de la nave italiana y el accidente aéreo de Juan Fernández”.
- En una reunión de transporte marítimo en Montevideo me di cuenta lo que es Centroamérica para Sudamérica y por lo tanto hay un desafío interesante en países como Santo Domingo y Puerto Rico donde veo que faltan políticas claras en cuanto a la capacitación y a la formación. Por otra parte a la mujer chilena la veo mejor preparada.
No hay pobres mujeres en el mundo, porque todas hemos sido de alguna manera creativas. Debemos pensar en nosotros primero para poder pensar en las demás, si nosotros estamos mal, ¿a quien podremos ayudar? No creo en eso que “lo hago por mis hijos o por mi familia”. Uno primero tiene que hacerlo por una misma.

La mayoría de la gente se justifica partiendo por anularse a si misma. Si uno no se preocupa de si mismo, estamos pésimo.
Nosotras por lo menos debemos cuidar el medio ambiente partiendo por usar bolsas de papel. Poco nos preocupamos del negocio del agua como nos preocupamos poco de caminar en vez de usar tanto el auto que contamina. Además caminar nos hace bien.
La eficacia de los préstamos o estímulos a las pyme, es relativa. Unos reciben el dinero y nadie fiscaliza su destino. Cuando se es emprendedor y desarrolla una actividad económica, debe calibrar bien si quiere ser solo empresario o emprendedor. Hay que trazar metas a corto, mediano y largo plazo, asignarse un sueldo holgado y no ponerse techos. Un emprendedor no es aquel que un día navega en la cresta de la ola y a la mañana siguiente esta sin caja.

La persona que necesita mostrar lo que tiene y gana, da señales de angustia y autodestrucción.
¿Qué hace esta crónica inserta en el ventilador? Creo que puede servirle a más de alguien. Ahora van cahuines fuertes para remecerlo un poco.


¿Recuerdan la parte interior del muslo de Celine Dion que se ve bastante arrugada. La Matthei más vieja y rehecha, sin embargo no la tiene ya si le vimos cuando subió a un andamio en falda. Ni se inmutó cuando el dijeron que se le veían los churrines.

El libro de Jorge Marchant si no tuviese tanta historia de Chile, como si estuviese dirigido a un público 100 por ciento extranjero, ni algunas crónicas de apología del Sida, también metidas en su prosa, diría que el libro Sangre como la mía, da para un 7, le doy un 6.
No puedo dormir de puro pensar en los sustos de Daniela Aránguiz.
Dicen que Piqué esta chato con Shakira, que me la pase.

Javier Gómez de 52 años, es el empresario, que otra cosa podía ser, novio de Viviana Nunes de 80, nuestra propia duquesa de Alba

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