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NUEVO DIARIO DIGITAL DEL CHOAPA A PROPÓSITO DE HISTORIAS SECRETAS
Publicado por administrador el Octubre 09 2018 19:28:06
EL CHILE CASI SECRETO DE VILLEGAS
Por André Jouffé

Con la prohibición parcial del contenido es difícil para el autor de esta columna exponer un comentario sobre Chile, una historia secreta del sociólogo y escritor Fernando Villegas (Planeta 2018)

NOTA DEL EDITOR: La caricatura publicada en portada y el comentario corresponden al editor y en ningún caso al autor de la columna quien se limita a comentar - bastante favorablemente- el texto aludido.
Noticia ampliada
EL CHILE CASI SECRETO DE VILLEGAS
Por André Jouffé

Con la prohibición parcial del contenido es difícil para el autor de esta columna exponer un comentario sobre “Chile, una historia secreta” del sociólogo y escritor Fernando Villegas (Planeta 2018).

En fin, con la avalancha de los hechos y personajes con bagajes ocultos, solo puedo opinar. Es cierto, Baradit es más entretenido, Parvex se concentra en un tema. Villegas tiene la virtud de ubicar a sus personajes y hechos de Chile en el contexto universal. O sea, no limita la anécdota o visión biográfica a lo que ocurre en Chile en ese momento sino que lo contextualiza con el mundo nacional e internacional de ese momento.

Impacta más leer en Baradit que mataron a Arturo Prat de un hachazo en la cabeza, pero se lamenta la ambientación, el porqué.

Salvo Teresa Wilms Montt, que seguí hasta la tumba (aclaremos, fui al Pere Lachaise en París para cerrar la procesión personal), José Bohr y el marqués de Cuevas, en los otros personajes no tengo nada que aportar y no estoy inspirado para hacerlo ahora. Sobre la poetisa, omite que huyó con Vicente Huidobro. Luego lo apartó de una patada se durmió en el lecho sola y el genio de Altazor debió permanecer en la habitación que olía a amor, desprendía el aroma desabrido del placer del hombre y el ácido almizclado, de la hembra.

Resulta interesante la referencia a Casimiro Marco del Pont que pasó a la historia por la dudosa anécdota que Manuel Rodríguez, su enemigo, disfrazado de roto, le abriera la puerta de la calesa de puertas con vidrio. Pero nadie alude qué lo trajo a Chile, sus distinciones, su quehacer previo. Como escribe Villegas, le dieron fama de afeminado por su limpieza, elegancia. Por haber traído escupideras, peines y jabones finos a un país donde un canco hediondo era utilizado para sacar las heces de las casas.

Agrega el autor, a manera de comparación, que en 917 en el Palacio de Invierno en Petrogrado se burlaron de los zares, “porque descubrieron en el baño bidets, artefactos no muy gloriosos pero útiles para limpiarse bien el poto” (sic).

Destaca en José Miguel Infante, es cierto, la gente solo lo conoce por la calle que lleva su nombre, como el artífice de la primera Junta de Gobierno y otras movidas políticas de comienzos del siglo XIX.

Villegas menciona a la historiadora Valeria Maino con gran respeto y pareciera ser la musa inspiradora del libro. Su aporte a éste, al parecer fue notorio.

Guillermo Tupper, notable soldado, muere finalmente hacheado, como escribe Villegas, o sea dividido su cuerpo a sablazos por algunos incluso, que combatieron con él.

Mientras unos se mataban para dirimir quien gobernaba el país, llega un yerbatero francés. Claudio Gay cuyo aporte a la ciencia chilena, es innegable y, ¿Cuántos están al tanto de su legado escrito y dibujado (los selfies no existían)?

Desmitifica bastante a José Manuel Balmaceda y si uno da crédito a lo que lee, deberíamos alejar la imagen de Salvador Allende en el momento de las comparaciones, del hombre causante de la revolución de 1891.

En cambio menciona al general Orozimbo Barbosa, su aliado, a quien asesina una horda de soldados, también antiguos compañeros de trinchera en su momento, a punta de lanzazos.
A propósito de Balmaceda: la nave Bélgica capitaneada por Guerlach en su expedición a la Antártica, queda atrapada en los hielos durante casi un año. La tripulación belga sobreviviente gracias a la carne de pingüino y algunos peces, logra volver a tierra y desembarca en Punta Arenas.

El segundo maquinista, Max van Rysselberghe, permanece en Chile, contrae matrimonio con una sobrina del presidente suicidado. En consecuencia ocurridos éstos hechos del 91, deben volver a Europa. Luego regresan a nuestro país y gracias a todo este ramillete de avatares, existe la senadora Jacqueline van Rysselberghe, psiquiatra, ex campeona de atletismo en sus tiempos del colegio Charles de Gaulle y la Universidad de Concepción.

La figura de Ramón Barros Luco aparte del emparedado, es realzada y puesta en el lugar que merece. Como Infante, nadie sabe de sus realizaciones y hechos concretos, que fueron muchos.

Álvaro Yáñez, Juan Emar, extraído del “estoy cabreado” en francés, “j`en ai marre”, escribió mucho y Alejandro Jodorowsky exclama: “Ahí estaba el loco Juan Emar escribiendo la verdadera prosa chilena”.

Deslumbrante descubrir que enclaustrado en Vilcún, en la Araucanía, escribe “Umbral”, cinco volúmenes con un total de diez mil páginas. Una obra inmensa que se la hubiese querido Francisco Varela cuando quiso escribir La historia del mundo como justificación para pasar al anonimato incluso en el exilio.

Tal como en el caso del marqués de Cuevas, Guy Burgos, homosexual, también tuvo un matrimonio de fuste: nada menos que con una Churchill. El coreógrafo que poco menos fallece al cerrar las cortinas en la Ópera de París, en 1960, de su Bella Durmiente, se casó con una Rockefeller. Doña Margaret aficionada a los hombres finos, al enviudar de Jorge Cuevas Bartholin, desenviudo con Raymundo Larraín, gay sin closet, fallecido más recientemente.

Cuevas inteligente para pasar de Cuevitas a marqués, un animal social entretenido, algo que le faltó a Joaquín Edwards Bello según su pariente Jorge Edwards. Larraín, otro que ganaba K.O por simpatía. Lo de Guy fue jet set, nunca tuvo un peso pero sabía aparecer en fotos con Marisa Berenson del jet set de los setenta (siglo pasado).

Villegas, pese a elogiar a Luis Bossay Leiva, lo sindica como el espejo del derrumbe de su colectividad, que al parecer renace medio siglo más tarde con Alejandro Guilier. Aclaro, lo más extraño, sin radicales de corazón sino de firma para integrar la lista como Karim Bianchi, diputado magallánico.

Queda corto con José Bohr factótum de lo artístico (música, teatro, cine, publicaciones) que hasta oficia de autor del himno a Punta Arenas y omite que Carlos Ibáñez se apellidaba Evans. Su padre españolizó el nombre de lo contrario hubiésemos tenido a un Charles Evans of the Country de Presidente, alias ‘the horse face’, el cara de caballo, como lo apodaban.

Rescata al ex nacionalsocialista convertido en DC, Germán Becker, y no destruye una de las peores películas del cine chileno, “Ayúdeme usted,compadre”, un cancionero espantoso proyectado después del noticiario alemán “Noticias al instante” o las latas de “Emelco”. Asimismo menciona “Incendio” (1926), la superproducción porteña de otro olvidado, Carlos del Mudo y la cantidad de películas de cine mudo, 86 señala Villegas, filmadas en los años veinte.

Sus comentarios políticos que derivan desde los setenta hasta ahora, me inhiben continuar con la alusión a los personajes.

Hay mucho que escribir sobre este último Opus de Fernando Villegas. Admiro su valentía al defender el gobierno de Eduardo Frei Ruiz Tagle; tan silencioso como Barros Luco, pero que llevó a cabo un gobierno eficiente, sin los aspavientos ni delirios de grandeza de estadista de un Ricardo Lagos.

Creo que es el primer capítulo en un libro, en el cual leo elogios dirigidos al silencioso pero eficiente ingeniero al que le tocó la difícil tarea de que apresaran a Pinochet en Londres durante su mandato. Se comprometió con Lagos a pesar mío, de entregarle el gobierno limpio con ese tema, y cumplió.

Eric Emmanuel Schmitt, autor de “La secta de los egoístas”, se refiere a cierta gente como autonofilos o egocritos. Bueno Fernando Villegas incapaz de no meter la cuchara, agrega en cada capítulo los apuntes de “su servidor”. O sea a diferencia de otros historiadores, opina directamente. Esa parte, fastidia pero comprensible sabiendo de quien proviene.

Un libro que recomiendo sí o sí y como señala el autor, es la crónica de un país vista con muchos personajes y acontecimientos, a medias desvanecidos o que a nadie importaban.